Muerte prematura
Los gemidos del viento se confundían en medio de la penumbra se instauraban en la mente acongojada pidiendo auxilio, implorando a gritos un susurro de alientos que detenían por instantes la respiración.
Voces que se mezclaban con las respiraciones agitadas de los personajes que danzaban junto al muerto contando historias de un sujeto en perfección instaurado en el horizonte albo de los ojos difuntos.
Los cuerpos, ellos, medios vivos medios muertos que se detenían frente al baúl aterciopelado de los recuerdos.
Los momentos hacían una parodia de lo existente, se reían como arlequines de la caja de futuro putrefacto, mientras las voces a lo lejos aclamaban vienen los ángeles y arcángeles, viene el pasado y el futuro vienen momentos,
son yacimientos de espíritus indefinidos y definitivos, espíritus emergentes y cautivantes...paralizantes,
consonantes, diluyéndose con premisa tras el infierno de los recuerdos, confundiéndose entre lo real y lo ficticio delimitando los territorios para llegar finalmente a ser solamente parte de la utópica fantasía que se logra en medio del sueño y la cotidianeidad.
(Escrito luego de asistir a un velorio de un ser conocido en Prllo.)
Te quiero a contraluz como el sol invadido por la tarde, tenue como aquel primer beso exento de pasión te quiero por tu osadía e impaciencia inmediata, te quiero por mi calvario sonámbulo que te aclama.
Te beso detenido en la nube del sueño que no es mío, aquel sueño que te pertenece, aquel descanso que me impide el aliento tranquilo, te quiero porque te espero en medio de la distancia absoluta, te quiero por aquel roce final que sólo consiguió evocar el pasado y hacer más tortuoso el presente
Uniforme.
Te quiero en la penumbra de esta mañana que no hace más que recordarme que ya no estas junto a mí, te amo aún esperando que otra vida y otros sueños permitan concluir aquello que algún día no acabamos de finalizar.
Te tengo aún guardado en mi retina y en medio del pasado que de vez en cuando viene a visitarme par recordar amargamente que existes todavía.
AQUELLA CAMA
Oscura... como aquel último beso, fría, distante, maldita como en el momento del adiós.
Maldita noche negra , helada, quemante con el hielo abrasador sobre mi espalda que llora por un último roce, por aquella caricia final que se anido por instantes junto a mi vientre.
Pulcritud absoluta junto a sábanas blancas, albo encandilante y asfixiante, triste blanco que busca desorden, que añora el volteo de los pliegues perfectos.
¡Te grito, te aclamo, te necesito! sintiéndome aún más pequeña en este sitio tan grande, tan lleno de surcos como de huecos anhelantes de pasado.
Te susurro presente, imaginario, envolvente en medio de un sueño falso que inventa mil excusas para dar calidez a mis rizos, mi cuello, mi columna vertebral helada, condenada, sentenciada...abandonada.
Después de haber amado y haber perdido
Después de haber odiado y haber perdido
Después de haber vivido... haber muerto
Después de haber muerto...sólo nos queda la conformidad de haber sentido.
Éxtasis
Y te miré a contraluz, tan azul como el vértigo del primer coito
Te observé largo rato tendido, con aquella perfección estética inexistente...pero mia.
Te contemplé callado y te sentí helado junto a mi piel,
Te recibí porque en el fragmento de aquella habitación existía un rompecabezas inconcluso,
cuya pieza escondida la componía tu curvatura abdominal, tus blancos pies cubiertos de vellos,
tu boca escondida, mojado témpano de lujuria que acompañaba tu rostro tras el follaje de aquella negra brisa que masajeaba mi rostro.
Melodía de gemidos, cátedra silenciosa,
Alaridos vertiginosos,
vaivén que seguía jadeante de cansancio,
estallido de placer que evidencio la ternura del último respiro.
El frío que hace este día gris y oscuro ,
El hielo que carcome la estadía
Y la luna que se va cuando regresas tú desde algún lugar perdido.
Te fuiste sin regreso,
tocando los tambores de la despedida sin carnaval
nada fue como pensamos
todo se quebrajo como aquel vidrio roto y escarchado.
Pesadumbre bajo la alegría de vivir
Alegría por el sólo hecho de existir sin alimentarme de aquello que algún día fue... y ya no.
Que triste son las despedidas
Pero más me hiere esta porque no es una despedida eterna
Es un añorar que no venga la congoja,
el arrepentimiento y el dolor.
Aquel sentimiento doloroso que vendrá bajo un manto idóneo, bajo un tul semifantástico
Pero estará ahí, oculto como el siervo que se escapa de la caza.
Esa mala costumbre de las apariencias
De mostrarte un ser social siendo un individual
Solo y melancólico
que existe, es parte de... pero se muestra un todo excento,
Destello apático de un nosotros que tampoco está
Como siempre queda el yo dejando de lado el juego del nuestro.
Mostrándote, luciéndote, evidenciándome falsa a mi misma
Falsedad que me place, que me llena, que me inunda y me lleve a la algarabía de la utópica fantasía de las apariencias.
Por no mostrarte débil, creyendo que debes huir y jugar tan lúdicamente como niño para alcanzar las nubes,
Escalar bajo la felicidad
que no es más que una tristeza prostituta
Tristeza vana sucia transable, permutable,
Amargura de libre relajo para cubrir de vida la muerte viva que no evidencia la pudredumbre de tus huesos pero si la asfixia de tu alma.
Ahí tangible,
Como aquella majestuosa naturaleza que te rodea
Refugiándote en la risa sin pensar mucho porque el pensamiento es estático, el actuar es móvil y te hace ocuparte sin preocuparte.
Ahí virtiendo
Eliminando lo que no desees que exista,
Si borras las notas, no hay música,
Si tapas los ojos no hay luz,
y es válido a veces no taparse los ojos cuando no deseas ver.
(a la vida...simplemente)
lunes, 9 de junio de 2008
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